Y, sin ir más lejos, ¿cuán normal es un hombre que acepta vivir en una trinchera infestada de ratas, que es capaz de saltar fuera de su agujero para matar a garrotazos a un semejante y que regresa luego a su posición, cubierto de sangre y barro, a comer un plato de sopa junto a un camarada muerto, mientras contempla una fotografáa de su esposa y su hijo que han quedado en casa?
No.Según le dictaba su propia experiencia como psiquiatra, la categoría "personas normales" era una falacia.
pág 17
O extraigo del arcón de taxidermia los ojos de cristal y los organizo por colores sobre la mesa; los dispongo en cruces, en rectas, en circunferencias que forman un ojo mayor, múltiple e insomne en el centro de la sala orbicular .pág 50.
Hoy desperté pasado el mediodía, sobresaltado, como si sobre mí se cerniera una amenaza. El viento soplaba con fuerza. La pequeña puerta de la sala de máquinas, que permite el acceso al balcón, debía haber quedado mal cerrada, porque la escuchaba golpear, arriba, una y otra vez. Una luz desvaída entraba por el ventanuco. Me incorporé en el catre y miré alrededor. Estaba sobre el ropero, observándome con sus ojos malignos, el pico acerado como un puñal. En ese instante abrió las alas -eran tan grandes que cada una tocaba los muros de la diminuta habitación , y tan sombrías que, al desplegarlas cubrió por completo las escasa luz que entraba por el ventanuco-y desde lo alto del ropero se dejó caer hasta el piso. pág 57.
El miedo fue empujándome a un estado casi de letargo. Permanecí horas tumbado. Temía que el faro se desplomara sepultándome .De pronto, con un bramido sordo, una ola gigantesca golpeó la estructura. Me encontré en el suelo empapado y desorientado. El agua se escurría hacia la trampa abierta y bajaba por la escalera llevándose ollas, cubiertos, latas , sillas, el reloj de pie, algún pájaro embalsamado, ropa, los ojos de cristal que había dejado sobre la mesa y otros objetos indiscernibles .pág 63
El albatros negro gira alrededor del faro. Sé que me ha detectado. Soy una sombra detrás de los paneles del vidrio de la linterna. Su vuelo circular se estrecha aún más, como si quisiera estrecharme con sus alas. En cada circunvalación, su ojo izquierdo parce abismarse en un odio antiguo, casi ancestral. pág 71.
