martes, 23 de junio de 2026

LA MUERTE Y LA PRIMAVERA- MERCÉ RODOREDA

 Mientras hablaba acababa de caer la noche y yo volvía a casa y me entretenía por las calles y todo estaba dormido. Y pensaba en el chico del herrero; un día me dijo que él sentía cuándo había deseo en el pueblo y el deseo se le ponía como un peso encima del pecho, el mismo peso y la misma desazón en la sangre que cuando se acercaba la tormenta. Y  me paraba delante de las puertas y buscaba en la oscuridad la mancha más negra que habían dejado tantos pájaros colgados... Y mientras estaba recostado en la cama y escuchaba pasar el río, una noche me pareció que sí, que yo era como un río con tierra por abajo y aire por arriba y que el río de verdad se había parado y que el que iba corriendo hacia abajo, totalmente solo por en medio, y con árboles en las orillas, era yo.pág 57

Nada más que este trabajo y esta tristeza de respirar y respirar mientras van cambiando las cosas de tiernas a secas y de nuevas a viejas y esta luna de la noche que adelgaza y se hincha y este sol que sin  fuego se enciende y el gemido del viento que trae desgarra y junta y se lleva las nubes y levanta y aplasta el polvo.Nada más que esta pena de dormirse y despertarse y de sentirse una vida que no sabes de donde te viene y que huirá sin que sepas por qué te la dieron y por qué te la quitan.pág76


Notaba un olor muy fuerte a musgo y bajo mi mano la roca era viscosa como un moco...la mano de mi padre era grande, cubierta de pelos y con toda la piel agrietada, la punta de las uñas con media luna blanca. Cuando yo era pequeño mi madre era una mano. Una mano detrás de la cabeza que me empujaba hacia delante, crece deprisa, que molestas., pág 88


Al tiempo le costaba pasar y de pie allí algo huía de dentro de mí y de la hora  y del tiempo...aquella cosa que huía de dentro  de mí se alejaba por el agua hasta las cañas y miraba lo que hacía el agua. Miraba si en el agua se formaban círculos ...me parecía que sí y no era cierto. Porque de pie sobre la piedra del reloj  los círculos que quería ver eran los de aquel amanecer, los que hacía una mano que no había vuelto a ver más.pág 92



Y los muertos dentro de los árboles. Las muertes arboladas, podridas por dentro terminaban muriéndose. El árbol que había recogido la muerte se hacía polvo muy poco a poco, muy con el tiempo del tiempo. Se deshacía y era como las orugas había dicho el preso.pág 94


"Allá dentro no había nada que fuera mío y fuera había las calles y el aire." Mercé Rodoreda